27 enero 2013

Vacaciones con papá - Dora Heldt






Título: Vacaciones con papá
Autor: Dora Heldt
Editorial: Planeta internacional
ISBN: 9788408106043
Año de publicación:2011
Nº de páginas: 368
Precio: 5,95 €


Reseña editorial : «Quiero a mi padre. A ser posible con tres horas de distancia por medio. O con mi madre delante. O para tomar un café. Pero dos semanas de vacaciones juntos podían desatar turbulencias insospechadas.»
Christine y Dorothea, dos amigas en los cuarenta, se disponen a pasar unas relajantes vacaciones en una isla del mar del Norte ayudando a una amiga común a renovar su pub: deberán trabajar, sí, pero tienen por delante dos semanas de paseos por el mar, copas y risas entre amigas. Sin embargo, la madre de Christine tiene otros planes para ella... tiene que estar dos semanas en el hospital así que, para no dejarlo solo, invita a Christine a que se lleve a su padre con ellas. En cuanto Heinz pone un pie en la isla toma el mando de las obras del pub. Pero las cosas se complican cuando descubre que los isleños están tras un estafador que se esconde entre ellos. Heinz lo tiene claro: sólo puede ser Johann, el misterioso huésped del hostal que, por si fuera poco, ha conquistado el corazón de su hija...
Una encantadora y original historia sobre las relaciones padre-hija.

Desvarío generacional

 No sé cómo leen ustedes... y sería un buen momento para, entre los miles de comentarios que siguen a cada desvarío, comentaran este hecho, pero les voy a contar como leo yo, por si les interesa. Y por si no, también.

Me considero una lectora random. Aparte de mis gustos variados, suelo estar siempre leyendo entre dos, tres, cuatro, cinco... hasta seis libros a la vez. Eso no quiere decir que no haga nada en todo el día y disponga de muchísisisismo tiempo para leer. Quiere decir que saco tiempo DE DÓNDE SEA. Si hacemos una visita virtual a mi casa (aquí mi mansión de 90 metros cuadrados, aquí unos amigos) podremos observar:

1 - Ya en la entrada, en uno de los bolsos que utilizo para salir a la calle, encontraremos un libro pequeño y de bolsillo, que no pese, por si tengo que esperar en el banco, la compra, la puerta del cole, el médico... esa soy yo, la girl-scout preparada para todo!

2 - En el salón, en mi rincón de lectura preferido (la esquina más cómoda del sofá) veremos normalmente... uno... o dos libros, más el e-reader que aún me resisto a usar, regalo de los últimos Reyes Magos.

3 - Si pasamos a mi oficina, digoooo, mi cocina, veremos otro libro, por si me aburro haciendo patatas fritas. Puedo prometer y prometo que está lejos de los fuegos, de las grasas, y de posibles desperfectos, pero está. Actualmente es Angelfall, en inglés, que me lo voy leyendo a parrafitos.

4 - Al lado del cabecero de mi cama (no tengo mesilla de noche) podemos contemplar, en precario equilibrio, una pila de libros más o menos alta según época del año, ganas de leer, y último zafarrancho colocador. Son los que pienso que tengo que leer sí o sí. Y que después de limpiarles el polvo, van a Ramona, la estantería, hasta nueva oportunidad.

5 - El cuarto de baño. Antes tenía aquí una revista de Sudokus. Pero a la tercera cistitis que pillé porque, como no soy nada obsesiva, no me levantaba del "trono" hasta que no conseguía terminar el maldito cuadrado de las narices, terminé por llevarme también allí un libro, como había hecho toda la vida de Dios. Eso sí, el de allí tiene que ser ligerito y que no me enganche, por el motivo antes confesado. Ahora tengo uno perfecto, "Anécdotas de hoteles", cada anécdota dura una meada, másmenos. Sí, soy muy escatológica. Estoy en mi baño, de qué quieren que les hable, de cremas hidratantes??

¿A cuento de qué viene contarles aquí mis intimidades? Pues, aunque no lo parezca, viene al caso,porrrque los libros suelen estar en cada sitio por orden de importancia: si alguno me engancha mucho, pasa por todos los lugares antes mencionados hasta que lo acabo. Si no, suele acabar en el baño o en la cocina. Si sólo quiero echarle el ojo al argumento o a las primeras páginas, eso suele ocurrir en el baño. Y así fue como empezó Vacaciones con papá en su andadura por mi casa. En un últimísimo, aunque no por ello menos honroso, último puesto, en el borde de la bañera de mi cuarto de baño. Pero ya comenté en el desvarío anterior, que Starters, que me acompañaba por entonces a todos lados, fue perdiendo fuelle, y por tanto mi interés, así que empecé a pasar más y más tiempo en el cuarto de baño (y no por diarrea, oh, vuelve a mí mi parte más escatológica, jajaja), hasta que al final lo rescaté de allí (ya llevaba medio libro en una semana) y pasó a ocupar un dignísimo primer puesto en mis intereses lectores.

Comprado en un impulso consumista de las rebajas (5,95 euros tienen la culpa, u.u), ha sido una agradable sorpresa, que espero repetir en cuanto me haga con más obras de la autora, totalmente desconocida para mí antes. Partiendo de una premisa muy simple, la madre de Christine no tiene con quien dejar al padre mientras es operada de una rodilla, le "encasqueta" el muerto a su hija durante los 15 días de vacaciones de ésta. La mejor descripción de Heinz, el padre, repetida a lo largo de todo el libro, la hizo el hermano de Christine hace tiempo: "los ojos de Terence Hill y la actitud de Rantamplán". Heinz, guapo y gallardo a sus 74 años, es daltónico, despistado, valiente, arrojado, torpe, y papá de una Christine de 45 años que ve como sus peores temores se van haciendo realidad uno a uno: le tiene que ceder su cama, porque él no puede dormir en cualquier sitio, arrastrar su megamaleta a todos lados, porque él está mal de la cadera, aguantar sus desplantes involuntarios, su ceguera paternal y los mil y un líos en los que se meten Heinz y su pandilla de septuagenarios, pandilla que reune a su alrededor con toda facilidad, y que le siguen en sus locos planes.

Creo que este libro, escrito en buena prosa, con capítulos más bien cortos (y cada uno con el título de una canción popular alemana)le puede gustar mucho a toda aquella persona ya entrada en la adultez y que no viva con sus padres, que los vea como personas ajenas con sus defectos y sus virtudes, y que tenga que "sufrirlos" de vez en cuando. Casi toda la trama, y la comicidad del libro, se basa en ese salto generacional que hace que se alineen padres e hijos en cada lado de una imaginaria línea en el suelo, y que cada uno crea saber más que el otro y tener toda la razón. Yo tengo la suerte de tener un padre maravilloso y muy prudente, pero me tiemblan las carnes de pensar en lo que van a tener que aguantar mis hijos, muajajajá!!

Inciso: seguimos con la mentalidad alemana, más bien rarita para los latinos. La madre se opera de una rodilla, y en vez de acompañarla en el hospital toda la familia, como haríamos en España en plan clan gitano, sin separarnos de ella ni de día ni de noche, ella lo que quiere es irse tranquila y que alguien se ocupe de su marido, de que coma lo que deba, de que vaya bien vestido... pero que la dejen en paz. Y todos lo ven normal, llamar una vez el día de la operación para ver si todo ha ido bien, y ya, hala, llamada diaria de comprobación... raritoss...

Segundo inciso: Y qué quieren que les diga... pero que un padre y una hija se vayan solos a una playa nudista... raritosss... naturales, sí, pero raritos.


Publicado por marisan en 13:42

3 comentarios:

Qué me den ganas de ir al baño al leer esta reseña es normal?
¡Depende de lo que tengas en tu baño!! ¬¬
El libro me llama la atención, pero para ser sinceros lo que me atrapó es la descripción de tu forma de leer...increíble, parece un retrato de mi persona, aunque en mi caso no puedo ir dejando libros por toda la casa; pero sí depende del estado de humor, tarea a realizar o sitio al que ir, así será el que me "acompañe". Por cierto si te parecen raritos los alemanes, échale un vistazo al finlandés Arto Paasilinna...

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